El rostro y la voz humana han dejado de ser pruebas de identidad irrefutables. Con la democratización de la inteligencia artificial generativa, los ciberdelincuentes ya no necesitan vulnerar sistemas perimetrales complejos mediante código sofisticado; ahora les basta con clonar la apariencia o la voz de un directivo para saltarse los controles de seguridad más estrictos.Leer más

