Durante años, la primera línea de defensa contra el fraude digital en el mundo hispanohablante consistía en entrenar a los usuarios para detectar inconsistencias evidentes: faltas de ortografía grotescas, concordancias gramaticales erróneas, ausencia de tildes y el uso de un español neutro o robótico producto de traducciones automáticas deficientes. Identificar un correo malicioso era, enLeer más


